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jueves, 10 de junio de 2021

¡ Por un beso de tu boca!



 ¡ Por un beso de tu boca!

Si había algo que odiaba más que nada  mi padre era que yo y mis hermanos fumásemos en casa. Lo teníamos terminantemente prohibido. Él insistía,  nos argumentaba,  que si nos  apetecía jorobar nuestros pulmones, allá nosotros pero no entre las cuatro paredes de la vivienda.

Han transcurrido unas cuantas décadas desde mi bautismo envuelta en aromas de nicotina. Yo inicié mi andadura en esto de fumar a los 16 años y desde entonces hasta el día de hoy ,  Siempre he sabido, he sido consciente del peligro que supone para mi salud el ser fumadora activa; ahora bien,  si yo no hubiera adoptado esa costumbre, estoy segura que nunca hubiera experimentado la mayor de las sensaciones eróticas que a mis diecinueve años disfruté. 

Yo era asidua clienta de la cafetería “ The croissant” muy conocida en la ciudad, en donde nos reuníamos las pandillas a charlar de nuestras cosas. De como nos iba la relación con nuestros padres; de la actividad en la universidad, de los proyectos de futuro cuando finalizáramos los estudios. Y por supuesto algo muy importante, los planes para las nuevas fiestas a celebrar el próximo fin de semana.

Un miércoles aprovechando que no tenía  clases en la universidad, decidí ir a tomar un par de tapas a la cafetería  . Era una hora un poco intempestiva, las once de la mañana , los clientes habituales para el desayuno habían abandonado el local,  y para los próximos,  los que se acercan a la hora de la comida, era demasiado pronto. 

Entré en el local, y saludando a Dieter el camarero le pedí un café con leche y un sándwich de jamón y queso , mientras dirigía mis pasos al fondo del local . Me fijé que en la esquina derecha se encontraba sentado un hombre de edad madura, para mí desconocido, pero de una belleza que me impactó. En ese momento sentí que todas mis hormonas daban un salto mortal, y necesité coraje para intentar disimularlo. Por mi parte me dirigí al lado opuesto en donde el desconocido tomaba una jarra de cerveza.  De alguna manera yo traté de evitarlo. Dieter el camarero se acercó trayendo el café, momento que aproveché para preguntarle si conocía al hombre , para mi desconocido. Me respondió que él nunca le había visto por la cafetería. Él no tenía ni idea de quién podía ser.

Me entraron ganas de fumar un cigarrillo, por lo que después de sacar la cajetilla del bolso de mano y ya con un pitillo en la boca y apunto de encenderlo con mi mechero, escuche una voz :

  ¿Fuego?

Allí estaba él, acercándose a mí, con un encendedor marca  Dupont que por el brillo parecía de oro. Nos separaba una columna de madera envejecida por los años, pero entre el hueco que dejaba la columna y la pared y yo con mi cigarrillo en la boca y él con otro en la suya, colocando el encendedor entre los dos cigarrillos se inició una silenciosa  conversación entre nosotros. 

A mi no me importaba su atuendo, de camisa blanca y corbata de color azul marino, ni su chaqueta americana que le daba un aspecto demasiado formal. Me fascinó su mirada  profunda, en como me miraba con  los ojos irisados en verdes de mar. Con sus cejas de Adonis delineadas por el compás de la perfección . Labios finos perfilados de deseos por los que yo me volvería su esclava. . ¡ Y su fragancia!  ¡Su olor a hombre, con el suplía la ausencia de palabras!

No sé de donde saque fuerzas, le miraba, con ojos lascivos, le confesé silenciosamente  que le deseaba. Con un gesto decidido apoyé mi mano derecha sobre la suya, sintiendo inmediatamente la conexión erótica entre ambos. Y le pedí - muda- que me escalara la espalda con sus dedos de pétalos de rosas, hasta llegar a mis pechos humedeciendo mis sentidos; oliéndonos, fundiéndonos,  aspirando nuestros alientos de nirvana, de todo y nada. Sin poder evitarlo pronuncié en voz alta  :

¡ Por un beso de tu boca , mi vida te daría!

Y él , me respondió:

¡ Yo no te daré  solo un beso , si tú lo deseas te daré un millón de ellos. 

Dejamos que los cigarrillos se consumieran, ahora había prendido entre nosotros otra clase de fuego. Separamos nuestras manos, abandonamos la cafetería y nos perdimos por las calles irradiando luz con resplandores de locuras, que estallaban como invisibles delirios eróticos. 

Fin.

Derechos reservados :Berta Martín de la Parte.

Imagen: Internet.

Saludos para todos y seamos felices.




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  Con todo mi amor, mamá, descansa en paz.  Para una madre que se llevó consigo el último capítulo No existe una vida que pueda resumirse en...